¡Bebés al suelo!

La importancia de ofrecer un entorno adecuado para que los bebés puedan desarrollarse de una manera óptima. El adulto prepara un espacio seguro y los materiales adaptados a su nivel evolutivo y deja que se despliegue la autonomía del niño o de la niña. El adulto, de esta forma, dota al bebé del sostén (físico y emocional) que necesita para crecer.
Al nacer, el bebé tiene madura la parte alta de la espalda (donde están ubicados sus órganos internos) y el resto, irá madurando con el tiempo. La maduración orgánica del ser humano sigue una línea: primero madura la línea céfalo-caudal y posteriormente la próximo-distal.
Los bebés conquistan primero la horizontalidad y después la verticalidad. Es fundamental dejarlos ser, sin interferir en sus capacidades autónomas.
Es muy importante, no interferir como adulto ni en la adquisición de posturas (sentarlo o sujetarlo para que quede de pie) ni en los desplazamientos (agarrarlo de sus manos para que dé sus primeros pasos). La ley de la gravedad nos aplasta contra el suelo y el bebé lucha durante su primer año y pico de vida, para ir moviéndose teniendo cada vez menos apoyos, para conseguir levantarse cada vez más del suelo, hasta que logra ponerse de pie por sus propios medios y caminar.
Es fundamental para el desarrollo óptimo motriz del bebé, mantener y respetar su propia evolución.
A su vez, debemos posibilitar al bebé un entorno adecuado. Ofrecer un sostén firme y estable: buen apoyo de la espalda en los brazos del adulto (respetando la horizontalidad) y suelo firme donde el bebé puede relacionarse con el entorno. Así logrará registrar propioceptivamente la información de cuánto espacio ocupa, cuáles son las características del lugar en el que está, etc. También irá «dándose cuenta» de las transformaciones que por sí mismo produce.
No hay nada más seguro que el suelo (de la cama o del sofá los niños/as se pueden caer al moverse).
El suelo es el espacio donde el adulto puede observar la autonomía del niño o de la niña. Debemos poner objetos y materiales variados a su alrededor, adaptados a su momento evolutivo, que pueda primero mirar y más adelante coger y explorar.
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